La imagen del horror: 21 estimulantes películas de terror del siglo XXI que impactan por su dirección de fotografía para deleitar nuestras retinas este Halloween

El cine de terror, además de por el sonido, y de igual modo que la comida, entra por los ojos. Las inmensas posibilidades a la experimentación y las salidas de la norma que brinda el género lo convierten en uno de los más agradecidos para unos directores y directoras de fotografía que pueden desatar sus instintos para dar forma a algunas de las imágenes más sugestivas que podamos imaginar.

Para celebrar el trabajo de estos profesionales dentro del marco del horror cinematográfico, a continuación os traigo una selección con 21 películas de terror —presentadas sin orden de preferencia concreto— con una dirección de fotografía impecable, impactante y digna de estudio.

Empezamos con esta maravilla visual con la que el veterano DoP Chung Chung-hoon, habitual del maestro Park Chan-wook volvió a reivindicarse como uno de los grandes, esta vez junto a Edgar Wright. Juegos de espejos imposibles, movimientos brillantes, claroscuros propios del noir y un uso de los primarios envidiable para una de las grandes fotografías de lo que va de década, todo ello en glorioso 35mm.

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Puede que una de las mayores sorpresas que nos ha dado el terror de estudio durante los últimos años haya sido 'El hombre invisible' de Leigh Whannell; una reinvención inteligentísima del clásico que, centrándonos en lo estrictamente fotográfico, deslumbra con su abrazo a los cánones del género, con su inteligente uso de focales cortas para capturar los espacios vacíos de las estancias y con el abrazo al movimiento gracias a la tecnología que ya pudimos ver en 'Upgrade'.

Con su 'Suspiria', Luca Guadagnino no sólo tenía el reto de intentar mirar a los ojos el clásico de Dario Argento, sino que también cargó con una responsabilidad tremenda al director de fotografía Sayombhu Mukdeeprom, que evitó intentar replicar la increíble orgía de colores saturados del original para capturar en 35mm algunos de los pasajes más perturbadores de su año de estreno.

A pesar de contar con un una larga trayectoria, sobre todo en el mundo del cortometraje, el nombre de Pawel Pogorzelski comenzó a sonar con fuerza gracias a su trabajo en la 'Hereditary' de Ari Aster. No es para menos, porque el tratamiento de la oscuridad del que hace gala el largometraje no sólo potencia el pavor que provocan algunas de sus escenas; también lo sitúan como uno de los filmes de terror mejor fotografiados de los últimos tiempos.

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En la otra cara de la moneda, Pawel Pogorzelski repitió en set junto a Ari Aster en la fantástica 'Midsommar', huyendo de las sombras de 'Hereditary' para dar forma a un atípico terror a plena luz del día. Una vez más, el polaco complementa a la perfección el imaginario y la visión de Aster, demostrando que no hace falta estar entre tinieblas para pasar miedo.

Puede que junto a Pogorzelski, Jarin Blaschke sea el otro gran nombre emergente dentro de la dirección de fotografía actual. El primer trabajo que le hizo despuntar no fue otro que el magnífico filme de terror en clave folk 'La bruja', en la que naturalismo y expresionismo se unieron bajo la batuta de Robert Eggers, extrayendo oro de la relación de aspecto en 1.66:1.

Por supuesto, la dupla Blaschke-Eggers tenía que aparecer nuevamente en este listado, ya que cuatro años después de 'La bruja', volvieron a aunar esfuerzos en la fantástica 'El faro'. Una claustrofóbica pesadilla monocromática en la que proyectaron su amor al expresionismo alemán capturando en 35mm la odisea de dos fareros atrapados en un islote y en los asfixiantes marcos de la relación de aspecto en 1.19:1.

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En el lado más experimental del terror —en este caso en clave de ciencia ficción— encontramos la inclasificable 'Under the skin' de Jonathan Glazer. Un relato ambientado en algunos parajes urbanos y naturales escoceses que, pese a estar capturados con un decadente atractivo por Dan Landin, no están a la altura de los pasajes más abstractos, que nos regalan planos tan sugestivos como cautivadores.

Y, claro, si hablamos de experimentación, no podemos obviar esta locura de Panos Cosmatos titulada 'Mandy'. Los que conocíamos su 'Beyond the Black Rainbow' deberíamos haber estado curados de espanto, pero lo que cocinó con el DoP Benjamin Loeb está a un nuevo nivel. Terror desmadrado cargado de color y saturación, una imagen sucia y vibrante, y ese cariz onírico marca de la casa para una experiencia visual cercana a un viaje de ácido.

Igualmente libre, aunque más pulcro y refinado es esta toma de contacto con el esteta Nicolas Winding Refn junto a la directora de fotografía Natasha Braier titulada 'The Neon Demon'. Una delicia audiovisual que podría definirse como un anuncio de perfume violento, ultraestilizado, caleidoscópico y casi hipnótico. Sobrerbia.

Aunque llegue a estas alturas de la lista —que está concebida sin seguir un orden de preferencia concreto—, puede que la fotografía de Bojan Bazelli para esta joya del terror gótico moderno que es 'La cura del bienestar'; un ejemplo perfecto para ilustrar los milagros que pueden llegar a materializarse de unir un diseño de producción y una dirección de fotografía de primerísimo nivel.

Mucho más sobria, pero no por ello menos efectiva y digna de elogio es la dirección de fotografía de Radosław Ładczuk para la sobrecogedora 'Babadook' de Jennifer Kent. Un título digno de estudio para aprender sobre el tratamiento del claroscuro, el movimiento de cámara y el uso del encuadre y la composición para desasosegar al respetable.

Pese a que trabajos como 'Bailar en la oscuridad' tengan un enorme trabajo detrás en lo que respecta a lo visual, 'Anticristo' supuso la bienvenida a un Lars Von Trier mucho más refinado en lo estético. Con secuencias realmente asombrosas, pulcras y con un acabado casi publicitario combinadas con otras en las que reina la suciedad y la textura más cruda, Anthony Dod Mantle puso el grotesco broche de oro a una de las experiencias más estomagantes del terror moderno.

En un ya lejano 2006, Tomas Alfredson enamoró a medio mundo con esta tierna, terrorífica y brillante historia en clave vampírica titulada 'Déjame entrar'. Un largometraje soberbio fotografiado en 35mm por el maestro Hoyte Van Hoytema, que nos regala una clase magistral sobre composición —el uso de lentes esféricas y la obtención de líneas rectas para dotar de verticalidad a los planos es impecable— y que muchos recordarán por sus juegos con las profundidades de campo ínfimas.

La filmografía temprana de Rob Zombie como director —obviemos atentados estéticos como '31', 'The Munsters' o '3 From Hell'— nos dejó joyas visuales como 'Lords of Salem', 'Halloween II' —que, por cierto, merece muchísimo amor— y esta 'Los renegados del diablo', fotografiada en unos sucísimos 16mm hinchados a 35 con una textura árida, polvorienta y casi nauseabunda que eleva a un nuevo nivel esta pequeña obra maestra del género.

El dream team compuesto por el DoP Matthew Libatique y Darren Aronofsky merece dos puestos en esta selección, y el primero de ellos está adjudicado gracias a 'Madre!'. Rodada combinando fotoquímico en 35mm y 16mm, la película es una oda al exceso y a la economía, exprimiendo únicamente tres tipologías de plano para enseñar cómo se trabaja el punto de vista. La experiencia es, cuanto menos, electrizante.

La segunda mención a la dupla Libatique-Aronofsky es, probablemente, su trabajo más experimental si dejamos a un lado su colaboración en la enfermiza 'Pi, fe en el caos'. Esta abrumadora historia sobre paranoia e identidad está concebida fotográficamente hablando con un cóctel imposible entre fotoquímico en 16mm y cámaras digitales DSLR Canon 1D y 7D, dando como resultado una pesadilla febril implacable.

Prosiguiendo con la vis más experimental del oficio y con el fotoquímico en 16mm es de rigor detenernos en la obra cumbre de Joe Begos; una 'Bliss' en la que arte y vampirismo se funden en 80 de los minutos más alucinantes que se han visto recientemente, y que nos arrojan a la cara una orgía de color, texturas y luces estroboscópicas que mira cara a cara al cine de Gaspar Noé.

También rodada en 16mm, pero con un tratamiento mucho más clasicista del formato, tenemos 'La casa del diablo'; segundo largometraje de un Ti West que está arrasando de la mano de A24 con su franquicia nacida con 'X' y extendida con su fantástica secuela 'Pearl', y que articula un sentido homenaje al cine de hace cinco o seis décadas con un acabado espléndido.

A pesar de que pasó por la edición 2018 del Festival de Sitges, este largometraje alemán de poco más de una hora ha pasado injustamente desapercibido. Puede que a nivel narrativo no revolucione el medio, pero su extrañeza inherente se ve reflejada en una dirección de fotografía magnífica, también en 16mm, que devora el conjunto a base de estilo y amor por lo retro. Imprescindible.

Y, para terminar, la gran revolución del terror zombi —o infectado— de Danny Boyle. Una '28 días después' que extrajo oro de su look intencionadamente digital, combinado con material rodado en 8mm y en 35mm, y motor de una de las experiencias más intensas y agobiantes que nos ha brindado el subgénero en mucho, mucho tiempo.

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